Carta del Gran Maestro (I)

Queridos Hermanos:

Sirvan estas líneas para establecer un contacto más estrecho con todos vosotros, con motivo de la revisión y puesta al día de nuestra página web. Esta página debe servirnos para incrementar nuestras relaciones fraternales y ayudarnos en nuestra progresiva formación, al tiempo que nos permita proyectar, nuestros valores, en el mundo profano; por ello os encarezco que con el máximo interés, todos colaboremos asiduamente en la misma.

Hemos finalizado ya nuestro primer curso masónico en nuestra Obediencia y en este sentido es conveniente que cada uno de nosotros analice lo acontecido en el mismo para ver los aciertos y los errores que hemos cometido y de esta forma prepararnos para afrontar, con mayores garantías, el curso masónico que ahora empieza y así poder resolver adecuadamente los retos que se nos planteen. Nos es especialmente necesario que todos desarrollemos al máximo nuestros esfuerzos para que podamos llevar la piedra un poco más lejos.

El transcurso de los ciclos solar y lunar marcó desde los albores de la humanidad, cuando ésta se convirtió en sedentaria y se asentó territorialmente, sus creencias y cultos. Nosotros como Francmasones, amantes de la tradición, debemos recoger el espíritu que poseían nuestros antepasados y aplicarlo a nuestro proceso de aprendizaje, obteniendo de esta forma unos referentes adecuados para nuestra finalidad de pulir la piedra. De ahí que celebremos adecuadamente las festividades de los solsticios y los vinculemos además a Juan, el Bautista, y a Juan, el Evangelista, a quienes dedicamos nuestras Logias Simbólicas.

Pero para nosotros, Francmasones especulativos, los solsticios encierran una gran variedad de significados. En primer lugar son festividades dedicadas a la Luz y marcan los puntos de máximo y mínimo valor de la luz solar. El solsticio de verano nos señala que en el mismo instante en que se alcanza el cenit del progreso solar, empieza el declinar de la Luz para iniciar un nuevo ciclo que terminaron el mínimo que nos señala el solsticio de invierno, para reiniciar otra vez el proceso, sin solución de continuidad. Ello nos enseña que la vida es un continuo fluir, de nacimiento y muerte, y que por tanto el curso de la vida no es lineal, sino circular.

Asimismo son fiestas rituales del Fuego. Fuego liberador que sirve para purificarnos y poder eliminar de nosotros todo aquello que resulta caduco y viejo y, por tanto, menos idóneo, que hemos realizado. Todo ello queda simbolizado en las hogueras que se construyen con los desechos materiales que vamos almacenado y que no tienen ya, para nosotros, ninguna utilidad pero que si sirven para generar una nueva energía que servirá para producir nuevos elementos vitales.

Finalmente las festividades solsticiales nos señalan los períodos de recolección y siembra y la necesidad de esforzarnos para obtener las mejores cosechas. Cuanto más nos esforcemos y trabajemos, más abundante y de mayor calidad será la cosecha que realicemos. Que la cosecha que obtengamos en nuestra vida francmasónica sea abundante y de calidad. Con ello no solamente iremos mejorando nuestra realidad personal sino que estaremos en disposición de incidir en la consecución de una Humanidad más justa, solidaria y fraterna.

Por ello, en estos días, del equinoccio de otoño, que marcan el equilibrio entre la Luz y la oscuridad, es un buen momento para detenernos a meditar, extraer consecuencias, observar si durante el curso que finalizó fuimos capaces de pulir en algo nuestra piedra y establecer nuevos proyectos para el curso que ahora se inicia. Este proceso individual que cada uno de nosotros debe realizar, también se desarrolla, de forma colectiva, en el seno de nuestras Respetables Logias Simbólicas con la elección del nuevo Venerable Maestro, como última actividad del curso anterior y su Instalación en el inicio del nuevo curso masónico. El Venerable Maestro, es el máximo portador de la Luz en la Logia y debe prestar todo su saber en la formación de sus Hermanos.

Esperamos que la elección efectuada, en su momento, por todos los Hermanos de la Logia, haya sido realizada con el máximo esmero y con la adecuada ponderación para que la siembra sea adecuada y la posterior recolección en la Logia sea abundante y de gran calidad favoreciendo de esta forma el crecimiento y maduración de la Logia y consecuentemente de la Obediencia. Esta es la forma de trabajo propio de la Francmasonería y debe permitirnos, queridos Hermanos, avanzar en la consecución de los objetivos que nos propusimos cuando entramos en la Institución.

Que el recuerdo de Juan, el Bautista, y Juan, el Evangelista, a quienes tal como se indica en algunos de nuestros ritos, bajo sus auspicios trabajamos, nos recuerden constantemente la dualidad existente que se manifiesta con el proceso de maduración y de nuevo nacimiento, a una nueva realidad, que debe permitirnos avanzar en círculos progresivos cada vez más elevados.

Recibid, queridos Hermano, mi más cordial saludo y mi más sincera felicitación por vuestros trabajos y el deseo de que en este curso que empieza, con fuerza y dedicación, alcancéis todos los objetivos que os habéis marcado. Hasta pronto recibid un Triple Abrazo Fraternal.

Josep Corominas i Busqueta.

Gran Maestro